Lo malo de los buñuelos es la fritanga. Ensucia, huele, en fin... Pero qué ricos y qué reconfortantes son los buñuelos, no? De vez en cuando vale la pena meterse en el lío de freír, porque unos buñuelos calentitos acompañados de un buen café o chocolate caliente son una delicia. Estos tienen una toque de plátano que les dan un toque más infantil y regresivo aún. ¡Os los recomiendo a 100%!